domingo, 6 de julio de 2014

Acerca de detractores, escépticos y negacionistas.


A veces me ha tocado lidiar con este tipo de personajes. Y en todos los casos ni uno sólo de ellos ha dado argumentos objetivos en contra de mi investigación. Todo pasa por el "no" automático, por el "no puede ser", por el "no es cierto"..etc. Y en muy pocas ocasiones, gracias a Dios, por el insulto. 

Lo que traen está plagado de subjetividad, alimentado por la cerrazón de sus mentes.
Como siempre lo he dicho, lo que hago puede ser probado, medido , investigado. Utilizo una técnica no invasiva ni deformante, desarrollada en forma progresiva a lo largo de más de 15 años, con, prácticamente, trabajos diarios. Tengo imágenes clarísimas de estos seres que no necesitan ningún proceso de restauración y se ven a simple vista.


Y sin embargo...


A ellos va entonces dedicada la imagen este post.

miércoles, 25 de junio de 2014

viernes, 13 de junio de 2014

Las Hadas de Findhorn


Findhorn es un pueblo situado en la costa noreste de Escocia. En 1.962, Peter Caddy y su mujer Eileen, sus tres hijos y una amiga, Dorothy Maclean, viéndose sin trabajo y sin dinero después de la quiebra del hotel en el que trabajaban, tuvieron que irse a vivir a un campamento de caravanas situado en la Bahía de Findhorn.


 

En la primavera de 1963, todavía sin trabajo y pasando serios apuros económicos, el señor Caddy decidió plantar un huerto. Después de estudiar y leer durante todo el invierno libros sobre jardinería y técnicas de cultivo se dio cuenta de que el entorno en el que vivía no era el más apropiado para cultivar o plantar nada. La zona estaba expuesta constantemente al viento y el suelo era árido, prácticamente gravilla. Pero a pesar de las condiciones adversas y al ser una familia de fuertes convicciones espirituales, consideraron que debían trabajar en ello y se pusieron manos a la obra. Crearon con cercas de madera pequeñas áreas de cultivo y zonas para ajardinadas y plantaron algunas verduras.


 Es importante explicar que estas personas practicaban la meditación. Un día, en una de aquellas meditaciones, la amiga de la familia, Dorothy Maclean, percibió a unos seres a los que ella llamo Devas, por la palabra sánskrita que significa “los brillantes” y estos comenzaron a mostrarle información. Dorothy se dio cuenta de que podía comunicarse con los "habitantes" de las plantas. Por ejemplo, los guisantes le transmitieron información sobre la frecuencia y la cantidad de riego que necesitaban para crecer. Así sucedió con todas las especies de plantas que plantaron. Con el tiempo, esta comunicación fue perfeccionándose y estos seres brillantes que habitaban en las plantas le dieron instrucciones precisas sobre cómo había que cultivar el suelo y qué era lo que estaban haciendo mal, para remediarlo.


 Al cabo de once meses, los resultados fueron espectaculares. La tierra dio vegetales robustos, nutritivos y frutas más grandes de lo normal. Desde luego mucho más grandes que las que se daban por la zona. El señor Caddy comentó que una coliflor podía llegar a pesar hasta 18 kilos y que incluso con 8 coliflores como aquella podría alimentar a su familia durante un invierno entero.

Findhorn empezó a crecer ya que las cosechas no solo les permitieron alimentarse sino que pudieron comerciar con los frutos de la tierra, lo que les permitió crecer hasta hoy en día, que tienen unas instalaciones que se pueden visitar. Os dejo la página web de la Fundación Findhorn por si os interesa echar un vistazo: http://www.findhorn.org/



Si bien uno puede estar de acuerdo o no con las creencias New Age o la base espiritual en la que está asentada la Fundación, lo importante y lo que quiero resaltar es la existencia de esos seres brillantes que les ayudaron a crear un vergel en un lugar inhóspito y seco. Findhorn es quizá uno de los casos más conocidos sobre este tipo de encuentros, pero en realidad son muchísimos los testimonios anónimos de personas que hicieron florecer sus jardines y sus huertos con ayuda de las hadas.

La naturaleza está viva y es consciente. Nosotros solo conocemos, es un decir, la conciencia humana, pero eso no significa que no existan otras formas de conciencia diferentes a la humana. La tierra, el agua, el fuego y el aire son la manifestación física de una realidad mucho más amplia, habitada por numerosos seres a los que llamamos hadas pero que reciben tantos nombres en prácticamente todas las culturas y sociedades de la Tierra que sería imposible recopilarlos todos.



 En cuanto a quienes eran estos seres de la Naturaleza, rápidamente comprendí que cada uno de ellos no era el espíritu de la planta en particular, sino el ser superior luminoso de la especie. Descubrí que el ser que estaba detrás de la arveja contenía en su conciencia el plan arquetípico de todas las plantas de arveja del mundo, y velaba por su bienestar. Obviamente, tales seres deben funcionar en otras dimensiones además de nuestras tres, pero mi contacto telepático previo me había familiarizado con ese concepto. Dorothy Maclean.

Ella los llamó Devas porque esa palabra no le resultaba trillada y  convencional. Debía encontrar una palabra que asemejase a aquellos seres resplandecientes que veía y la palabra sánskrita, “los brillantes”, le pareció la más adecuada.

 


La brujería está estrechamente ligada al quehacer de las hadas. Considero, después de tantos años de dedicación, que nuestros poderes derivan de los espíritus de la naturaleza siempre y cuando has vivido previamente una iniciación chamánica. El conocimiento de las plantas, de los árboles y de la realización de ungüentos, aceites y de todo tipo de remedios forma parte de nosotros. Trabajando con plantas, recogiéndolas en el bosque, trabajando con ellas, tratándolas… es cuando ellas, las hadas, se manifiestan.

Como dice Daniel Schulke: […] La fuente oculta del Jardín del Placer fluye con la sangre de las hadas y se nutre con su poder […]



Fuente: http://brujeriadelcerco.blogspot.mx/2014/06/las-hadas-de-findhorn.html

sábado, 7 de junio de 2014

El regalo del Rey y del Dragón

 

Abracé un árbol, mi árbol preferido, el que más contuvo mis miradas. En él agradecí a la conciencia del campo tanto tiempo vivido en el lugar, tantos meses de toda mi vida.


Fue mi lugar maestro, el de tantos aprendizajes, mi lugar en el mundo. El de la contemplación y de las meditaciones. El de las vivencias sonoras o silenciosas. El portador de caminos interminables a pleno sol en tierra abierta o en la suavidad mágica y umbría de los callejones. 

Fue el lugar de las revelaciones. El de la eterna imágen de las sílfide bajando brillante y hermosa desde el aire al sólido refugio del gran bosque, justo antes de que el sol se fuera del día. El de la escurridiza comunidad de seres mágicos con su presencias inesperadas entre el follaje y sus casas construidas tras los ojos.


El lugar al que me tocó decir adiós ...o tal vez hasta pronto. En algún lugar de la conciencia, entramado entre el pasado y el presente, construido en mundos invisibles, en el juego dimensional de nuestros pasos ha quedado para siempre establecido. Aún allí el alba se puebla de rocío, el telar de la araña vibra al viento, aún escucho el balar de los corderos y a los lejos las gaviotas en el río.


Fue, como dije, mi lugar en el mundo y ahora se ha vuelto mi lugar en la vida.


 Me despedí abrazando a un árbol y al tomar su recuerdo en una foto, hubo un leve movimiento en el aire, un sutil agitarse de energías  señalando el arribo de presencias invisibles.



 Vino, tal vez, un rey ( las esferas doradas son en ese mundo símbolo de realeza o sacerdocio) y más lejos asomó la cabeza de un dragón real, de un buen y sabio dragón, símbolo universal de sabiduría. Esta es mi interpretación, esto es lo que siento al verlos.

Todo un mensaje .



Hoy 7 de junio, día en que cumplo 62 años y en el mismo momento en que se están rematando en el amado campo las queridas cosas, comparto esto contigo, porque esta despedida no tiene que ser triste. La siento más bien como un regalo real de cumpleaños, lleno de sabiduría , de los que sólo algunas veces nos entrega el universo


lunes, 5 de mayo de 2014

Un encuentro con el mundo invisible.


Se cuenta que desde tiempos inmemoriales existe un mundo invisible: el reino feérico, el país borroso, donde habitan la "gente pequeña", los seres elementales de la naturaleza. Se cuenta también que algunos seres humanos los han visto e incluso han interactudado con ellos; y aunque estas tradiciones parecen haber nacido en Escandinava  y Europa, en Sudamérica y a lo largo y ancho de nuestro país-Argentina- se conocen infinidad de historias y relatos sobre estos seres tan relacionados con la tierra y la naturaleza.

 A través de los años he recogido experiencias que me relataron diferentes personas: recuerdo una muchacha que durante su infancia convivía con un duendecito en su habitación, pero contarlo a sus padres le trajo más trastornos que otra cosa: psicólogos, incomprensión, etcétera; recuerdo un hombre de campo y sus historias en las serranías cordobesas.


 Antes de centrarme en el caso que quiero narrar, unos detalles: los estudiosos de estos temas dicen que en la infancia y hasta la pre adolescencia, muchas personas tienen una "sensibilidad" o "capacidad" especial para poder entrever estos mundos invisibles, por no estar tan contaminadas por lo mundano y lo material de la existencia de los adultos o de lo que un pensador llamó "esa mediocre resignación que algunos llaman madurez".


 Yamila recuerda que cuando tenía 12 años (hoy tiene 21) regresaba una noche de invierno a su casa de la calle Sófocles, en el barrio 25 de Mayo (Localidad de Moreno, Pcia. de Buenos Aires), junto con sus padres. Estacionan su automóvil frente al portón de entrada donde a su derecha tienen un árbol frondoso y siempre muy verde. Ella desciende para abrir dicho portón, el auto entra, las ramas del árbol se bambolean por el envión del coche, Yamila las corre para que no rayen la carrocería y cuando cierra el portón ve a su derecha, con el rabillo del ojo, muy cerca de su perfil derecho, una "cosita" chiquita dorada, bien brillante que volaba como un colibrí con sus piernitas hacia adelante y parecía haber salido desde lo oscuro del árbol hacia su oreja; Yamila voltea rápidamente su rostro y logra ver con más detalle lo que le pareció una "muñequita" como de 10 centrímetros con alas muy grandes que regresó volando en zig zag hacia el árbol y desapareció entre sus ramas. Sorprendida, le comentó a su mamá lo que había visto. Hoy en día su madre, aunque no logró ver nada, recuerda el comentario exaltado de su hija en esos momentos. Yamila dice que nunca había estado interesada en los cuentos de hadas y ni siquiera en las películas de Disney y demás.


 
Recreación del ser diminuto visto por Yamila,  realizada por Joel Crocsel

Tal vez estos seres, si es que existen, a veces sean sorprendidos o decidan ellos a quienes revelarse. Nuestras ciudades industrializadas, con más concreto que espacios verdes, de una fea estética, no parecen ser los lugares más accesibles para entrar en contacto con la "gente menuda". Pero, quién sabe, en algún lugar cercano a nosotros, se encuentre una puerta donde vislumbrar por la pequeña cerradura esos "mundos paralelos" y no sentirnos tan solos.

 
Pablo Basterrechea y Yamila

jueves, 17 de abril de 2014

Los Espíritus de la Naturaleza

Para aquellos para los que nuestra espiritualidad está basada en el animismo, o para las religiones animistas, cada planta, cada animal, cada río o cada roca del camino posee un espíritu, más o menos evolucionado o quizá evolucionado de una manera que no podemos comprender pues en nuestra limitada humanidad, solo alcanzamos a aprehender lo similar. Pero estos espíritus están ahí. Cuando cruzas el cerco, los ves.(  Cabalgando el cerco: http://brujeriadelcerco.blogspot.com/2013/07/cabalgando-el-cerco.html ) Mucha gente ha cruzado el cerco, no siendo brujos necesariamente. Es la gente que sabe hacer un viaje astral y todos informan de seres que han visto a ese otro lado que recuerdan en mayor o menor medida a esos seres de los que informan los viejos y maravillosos cuentos de hadas, espejo de un tiempo en el que los hombres podían ver aquel mundo que no ha desaparecido sino que se ha alejado de nosotros.

Los espíritus del territorio, también conocidos como las Fae, o las hadas, el Pueblo Tranquilo, el Pequeño Pueblo y así tantos nombres como pueblos en la Tierra hay, son seres que no tienen cuerpo físico sino que emplean las energías telúricas de la Madre Tierra para manifestarse. Cada uno lleva una misión especial, una forma de acción y de construcción del mundo en el que vivimos.  

Nuestra historia, principalmente en Occidente, está llena de esos misteriosos cuentos de hadas que nos muestran a estos seres habitar los bosques de la vieja Europa, los lagos sagrados, las cavernas misteriosas que surgen de las entrañas de la tierra y sobre todo nos muestran a los seres humanos interactuando, misteriosamente también, con estos seres fascinantes. En Irlanda se los conoce como los Sidhe, nombre que me gusta especialmente, pero tienen tantísimos nombres que sería imposible reproducirlos todos: kobolds, duendes, aluches, brownies, boggarts, pixies, trolls, trasgos, leprechauns… Y un sinfín de etcéteras. Pero en mi tradición son conocidos con un nombre que me encanta: los Resplandecientes, debido a la luz que emiten cuando se manifiestan en nuestro mundo.

En los cuentos de hadas que no han sido adulterados por el cristianismo, en esos cuentos primigenios que podían ser tan brutales como encantadores, muchos de estos espíritus resplandecientes tienen la función de ser Guías de los seres humanos, ayudando a aquellos que entran en su mundo especular a buscar una información o un objeto mágico que les ayudará en su trayectoria vital. En ocasiones, estos Espíritus dan importantes lecciones a aquellos que hacen la vida imposible a los demás. En ocasiones son los enigmáticos Guardianes de ciertos territorios: cuevas, valles, el pico de una montaña, un bosque… Pero siempre, siempre, estos Espíritus ayudan al hombre a forjarse a sí mismo.

Todas las cosas en el mundo material están formadas por los cuatro elementos: tierra, aire, fuego y agua. Todo en el plano sutil tiene su correspondencia con el plano terrenal así que, cuando estos espíritus descienden al mundo material, se manifiestan en forma física dentro de las fronteras del reino que representan. Así, tenemos varios tipos de espíritus más elementales y vamos subiendo en la escala de evolución a formas y espíritus más sutiles. En la tierra, encontramos a los gnomos, en el agua a las ondinas, en el fuego a las salamandras, en el aire a las sílfides. Cada elemento, cada manifestación, tiene una importancia vital para nosotros, como seres humanos y mucho más como brujos, pues estos elementos forman parte de la magia y de los encantamientos que cada día practicamos. Yo diría que son la pura esencia de la magia.

Fuente: http://brujeriadelcerco.blogspot.com/2014/04/los-espiritus-de-la-naturaleza.html